¿Qué es la ansiedad?

Ansiedad

La ansiedad se trata de una reacción que emerge ante la percepción de un peligro o una amenaza real o imaginaria. A partir de la misma surgen unas determinadas respuestas cognitivas, conductuales y fisiológicas que nos permiten enfrentarnos a tal situación temida o amenazante.

Por tanto, se trata de una respuesta adaptativa del ser humano ante una situación de peligro con la finalidad de proteger nuestra integridad física y asegurar nuestra propia supervivencia.

La ansiedad es una emoción adaptativa del ser humano. Suele confundirse con el miedo, por lo que hay que saber diferenciarlas.

Cuando hablamos de la emoción del miedo estamos identificando un estímulo presente, real o imaginario. Si hablamos de la emoción de la ansiedad, ésta nos hace anticiparnos ante un posible peligro futuro. Como vemos tanto la emoción de la ansiedad como la del miedo se tratan de reacciones emocionales, en las que nos encontramos con distintas connotaciones cognitivas motoras y fisiológicas de vital importancia para adaptarnos y protegernos al entorno. 

La ansiedad se encuentra dentro de las emociones displacenteras, es decir, dentro de las denominadas emociones negativas, porque nos genera un gran malestar y se tiende a la evitación de la misma y todo lo que conlleva. Pero como vemos, es un mecanismo interno para protegernos de posibles peligros.

Genera una respuesta en la persona a distintos niveles: cognitivo, conductual y fisiológico. Cuando la ansiedad es muy persistente, el gran malestar emocional que nos infiere, puede llegar a limitarnos en nuestra vida cotidiana.

¿Cuáles son los síntomas de ansiedad más comunes?

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Pueden presentarse diversos síntomas, los más frecuentes:

  • Síntomas cognitivos o psicológicos: la persona presenta dificultar en la toma de decisiones, llegando incluso a no poder tomarlas por sí mismo por miedo. Sensación de pérdida de control, preocupación, temor, imposibilidad de concentrarse, dudas, déficit de atención, falta de confianza en sus propias capacidades, sensación de hacer el ridículo, baja autoestima, ideas obsesivas, pensamientos negativos, sensación de peligro o amenaza, pensamiento acelerado, despersonalización, desrealización, miedo a morir o volverse loco, susceptibilidad, etc. 
  • Síntomas conductuales: la persona tiende a realizar conductas repetitivas como, por ejemplo: mover los dedos de la mano, la pierna, rascarse incipientemente, etc. Presentan hiperactividad junto con alteraciones de la alimentación, por ejemplo: comer compulsivamente o lo contrario. Se activan las actuaciones de evitación a todo aquello que provoque ansiedad.
    Se incrementan los llantos incontrolados, la parálisis, el tartamudeo, la rigidez o temblor, aumentan el consumo (en caso de haberlo) del tabaco, alcohol, sexo, compras, videojuegos, móvil, etc. Surgen los bloqueos, el deseo de escapar o huir ante determinadas situaciones, problemas para permanecer tranquilo en un mismo sitio.
  • Síntomas fisiológicos o somáticos: el sistema nervioso central (SNC) se activa y se prepara para estar preparado ante una amenaza, por lo que comienza la hiperactivación, dificultad para respirar, para hablar, exceso de sudoración.
    También sensación de ahogo, taquicardia, palpitaciones, sequedad en la boca, enrojecimiento, tics, vértigo, mareo, náuseas, molestias estomacales o sensación de tener un nudo en el estómago, rigidez y tensión muscular o debilidad muscular. Sensación de inestabilidad, temblores, insomnio, hormigueo, dolor de cabeza de modo tensional y cansancio. 
  • Síntomas emocionales: se experimenta irascibilidad, inseguridad, angustia, miedo, sensación de vacío o de sentirse extraño, incertidumbre y/o déficit de tranquilidad.
  • Síntomas sociales: aparición de la verborrea o mente en blanco, dificultad para mantener el hilo de una conversación, temor frente a los conflictos interpersonales, conflicto interno a la hora de hacer valer tus propios derechos o expresar tus propias opiniones frente a otros. 

Todos estos síntomas de la ansiedad varían de una persona a otra, ya que cada una puede experimentar unos síntomas determinados. Todo dependerá de su vulnerabilidad, sus experiencias previas o su predisposición psicológica y genética.

La persona que presenta ansiedad y no está en tratamiento para la misma, su sintomatología a largo plazo puede derivar en otra serie de síntomas más molestos: migrañas, insomnio, fatiga, disfunciones sexuales o estomacales, incluso llegando a salir nuevos trastornos.

¿Cuáles son las causas de la ansiedad?

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Se trata de uno de los problemas psicológicos más comunes de la actualidad, puede ser muy limitante y, además, puede provocar otros problemas de salud añadidos. Genera un gran interés su estudio y entre alguno de estos estudios científicos queda constatado que las crisis de ansiedad se hayan asociadas a determinados grupos de factores y que entre ellos se relacionan.

Nos encontramos con un factor común entre las personas que padecen ansiedad, y es que, saben reconocer que su miedo es irracional, pero aun sabiéndolo, no son capaces de evitar sentirse así. Esto se da, ya que tanto la ansiedad como el miedo son emociones, en su subconsciente, que es la parte más antigua del cerebro. Por lo que escapan al control de la corteza prefrontal.

No son emociones producidas por la mente consciente o racional. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué nuestro inconsciente nos hace padecer síntomas que nos hacen sufrir? ¿Cómo es posible que seamos los causantes de tantos síntomas? Para comprender por qué surge este mecanismo tenemos que ir a nuestro interior, a la mente consciente y al inconsciente.

  • Nivel consciente: el miedo y la ansiedad nos hacen sentir síntomas muy desagradables, tanto que los rechazamos y los vemos como algo negativo y poco adaptativo, ya que nos limita ha hacer nuestra vida diaria con normalidad.
  • Nivel inconsciente: se encarga de proporcionarnos la garantía de sobrevivir y alejarnos de los peligros incipientes, por lo que se activa cuando detecta que estamos ante una situación amenazante o de peligro. 

En la prehistoria, los seres humanos tenían que hacer frente a infinidad de peligros y situaciones amenazantes, como los depredadores o diversas luchas por lo que la ansiedad les ayudaba a afrontar tales situaciones. En la actualidad, los seres humanos continuamos el empleo de tales mecanismos, pero la respuesta es desproporcionada frente a los distintos peligros que barajamos en nuestra vida cotidiana.

Esto hace que se produzca una sobreactivación que hace que estemos en un estado de tensión alto y una constante ansiedad. Por lo que, a partir de este momento, es cuando el miedo y la ansiedad pasan de ser mecanismos de autoprotección y de alerta frente a una amenaza o peligro perdiendo de ese modo su propio valor adaptativo, para activarse cuando realmente son innecesarios.

Por tanto, si surge un estimulo que aparentemente no es peligroso o amenazante, para la persona que padece ansiedad, su cerebro sí lo concibe como una situación peligrosa o amenazante. Por tanto, se defiende activando el mecanismo de la ansiedad, lo que ancestralmente sería de huida o lucha. 

Nuestro organismo nos da señales de aviso frente a que algo no va bien, y para garantizar nuestra supervivencia, no duda en activar la ansiedad y los mecanismos de dolor. Aunque no sea una sensación agradable, pero sí activadora para reaccionar ante el estímulo que se percibe como amenazante, esto también forma parte de la ansiedad. 

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Además, existen determinados factores que incrementan el riesgo de presentar un trastorno de ansiedad: 

  • Factores temperamentales o internos: son propios de la persona, su capacidad de tolerancia a la incertidumbre o frustración, sus habilidades para afrontar los conflictos, su propia personalidad: personas más tímidas, miedosas o pesimistas, entre otras. Se ha apreciado que estas personas son más proclives a desarrollar un trastorno de ansiedad.

Por lo que se podría decir que son factores emocionales experimentados por la propia persona a lo largo de su vida. Estos se relacionan con las creencias limitantes, pensamientos distorsionados o disfuncionales que ha ido adquiriendo y consolidando más la ansiedad.

  • Factores genéticos: se aprecia que el trastorno de ansiedad tiene un componente hereditario, puesto que aquellas personas que tienen un familiar que presenta ansiedad, tienen mayor prevalencia de desarrollar dicho trastorno. Las mujeres, tienen mayor probabilidad frente a los hombres de presentar un trastorno de ansiedad.
  • Factores ambientales o contextuales: vienen de la mano nuestro entorno cercano, es decir, las preocupaciones provenientes de las relaciones interpersonales que tenemos: familia, pareja, amigos, o trabajo. Son factores determinantes que son capaces de influir de forma concluyente en la aparición de diversos síntomas de ansiedad. 

En definitiva, los estudios han demostrado que hay diversas diferencias individuales que originan la ansiedad, puesto que cada persona tiene sus propias experiencias previas, su propia educación recibida o emociones asociadas a eventos experimentados. Lo que hace que cada persona perciba una misma situación de diferente forma, y por tanto su respuesta de ansiedad sea diferente. 

¿Cuáles son las consecuencias de sufrir un trastorno de ansiedad?

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Si la persona tiene un nivel de ansiedad moderado puede funcionar socialmente. En cambio, cuando el trastorno de ansiedad está sin diagnosticar y sin tratar, con el tiempo empeora. Provocando en la persona que lo padece que actúe con ciertos comportamientos extremos con la finalidad de poder garantizar su propia seguridad, por lo que se puede encontrar con comportamientos que evite salir de casa, que se aísle cada vez más o que rechace el contacto social. Es por esto por lo que el trastorno de ansiedad comienza a hacer un deterioro en su tejido social tanto a nivel familiar, de pareja, social o laboral. En los casos graves, pueden darse problemas para las actividades cotidianas.

Cabe señalar que los síntomas de ansiedad pueden incrementarse y derivar en diversos trastornos. Gran parte de ellos se engloban en torno a un miedo, temor o ansiedad excesiva: 

  • Trastorno de ansiedad generalizada
  • Agorafobia
  • Trastorno obsesivo compulsivo 
  • Trastorno dismórfico corporal 
  • Ataques de pánico
  • Estrés
  • Hipocondría 
  • Bloqueo mental
  • Depresión

Cabe destacar que la depresión y la ansiedad van muy ligadas. Por lo que no es de extrañar, que la persona que padece un trastorno de ansiedad, también experimente:

Desde Carolina lozano Psicología trabajamos el trastorno de la ansiedad desde los tres sistemas de respuesta: fisiológicos, cognitivos y conductuales. Tenemos en cuenta las características personales de cada paciente, sus síntomas y recursos propios para abordar un tratamiento personalizado y ajustado a las necesidades de cada paciente. De este modo, la terapia se implementará con mayor eficacia y eficiencia.